Conforme abrió los ojos supo que algo no iba bien. Su cabeza estaba dentro de algo que le recordó… a un casco, a una máscara, fuera lo que fuese aquello estaba cegado: solo veía oscuridad. Algo duro como una piedra ocupaba su boca y le impedía hablar, solo era capaz de emitir débiles gemidos. Su acelerada respiración retumbaba en el interior de aquello que impedía que sus ojos viesen dónde se encontraba.
Trató de llevarse una mano a la cara, pero no pudo. Tanto el brazo derecho como el izquierdo estaban inmovilizados, cada uno a una esquina de lo que parecía ser una cama; al forcejear descubrió que unas esposas se cerraban con fuerza alrededor de sus muñecas. Sus piernas habían corrido la misma suerte. Ambas estaban encadenadas a las esquinas de la cama sobre la que estaba tumbada.
Una corriente de aire frío lamió su coño, y entonces le quedó muy claro que no solo estaba encadenada, sino también desnuda. Desnuda, encadenada, cegada y amordazada. El terror la embargó. ¿Dónde diablos estaba? ¿Cómo había acabado en semejante situación? Por más que escarbaba en sus recuerdos, era incapaz de recordar el momento que la condujo a encontrarse en semejante situación…
Había soñado con algo así desde su más tierna adolescencia. Adoraba que la atasen, que le hicieran cosquillas en cada rincón de su cuerpo, que la masturbasen hasta llorar, que la abandonasen a su suerte durante horas, atada, amordazada, cegada, con un vibrador enclaustrado en el interior de su coño y otro guarecido en su culo. Disfrutaba de esas practicas tanto como podía cada vez que daba con un chico capaz de llevarlas a cabo de forma segura… Pero todo aquello no era más que un juego. Y ella siempre había soñado con un secuestro real, algo de lo que no podría disfrutar con un amigo o con una pareja sentimental.
En ese momento, notando el sudor frío recorriendo su cuerpo, volviéndose aún más frío por culpa de aquella corriente de aire helado, notando la impuesta inmovilidad de sus extremidades, el roce cortante de las esposas contra su piel, ya no se sentía tan a gusto como ella pensaba que se sentiría ante un secuestro real. Aquella maldita mordaza le estaba destrozando la boca. Los dientes le dolían, no paraba de salivar, tenía la lengua adormecida y la correa que ajustaba la mordaza se le estaba clavando en las mejillas; dos sendos ríos de baba espesa le manaban de las comisuras de los labios y se deslizaban por sus mejillas hasta llegarle al cuello.
—La nena ha despertado… Es hora de que el juego comience —espetó una voz dura, grabe—. Qué coñito tan rico. Adoro los coñitos jóvenes bien afeitados, parece el coñito de una niña pequeña… —El terror se apoderó de nuevo de todo su ser. ¿Quién diablos era ese hombre?
Por más que lo intentaba era incapaz de recordar qué había ocurrido antes de encontrarse en aquella angustiosa situación. Repentinamente notó que unas manos ásperas y fuertes recorrían su cuerpo. Primero se entretuvieron con sus pequeños pechos, jugando con sus pezones erectos por el frío. Después bajaron hasta el ombligo, y durante un rato juguetearon con él, haciéndole tantas cosquillas que sintió que se orinaba encima. Luego bajaron hasta su coño, y una de ellas se deleitó jugando con su helado clítoris al tiempo que la otra introducía dos gruesos dedos en lo más profundo de su ser.
—Oh, pero si te estás mojando —susurró la voz, y una húmeda lengua le lamió un pezón—. Eso quiere decir que esto te gusta… —Le encantaba, la volvía loca, sí. Había soñado con aquello durante toda su vida. Pero no así, no de esa manera, no forzada—. Nena, tú y yo nos lo vamos a pasar en grande. Primero voy a masturbarte hasta que no seas capaz más que de llorar. Después, te haré cosquillas… Luego volveré a masturbarte. Y volverán las cosquillas.
Notó que algo entraba en su coño. Parecía una polla de goma, gruesa y con vibración. Algo similar a lo anterior se abrió paso en el interior de su ano, provocándole cierto dolor. Y por último notó un objeto duro y frío contra su clítoris.
—Respira hondo —dijo la voz—. Esto es solo un precalentamiento. Vas a estar solita unas cinco o seis horas, con la única compañía de los juguetes que ahora mismo voy a encender… —Los vibradores introducidos en sus orificios y el del clítoris comenzaron a vibrar con fuerza, provocando que todo su cuerpo se estremeciera.
—¡Mph! —gimió ella.
—Te gusta ¿verdad? Es delicioso. Yo ya me marcho, en seis o siete horas, ocho como mucho, vuelvo —dijo la voz, y ella escuchó una puerta abrirse—. Disfruta, mi princesita de ojos verdes… —Aquellas palabras la aterraron aún más. Solo una persona en este mundo la llamaba así, pero se negaba a creer que él le hubiera hecho aquello—. Cuando vuelva, te toca la siguiente parte: cosquillas. Pienso conseguir que llores, como aquella vez hace tantos años…
—¡Nnn!
—Oh, sí. Vas a llorar…
La puerta se cerró tras el desconocido y ella se quedó sola. Encadenada, amordazada, cegada y con varios vibradores zumbando en el interior de su cuerpo, en su clítoris. ¿Cuánto tardaría en volver ese misterioso hombre? Y, lo más importante, ¿realmente era quién ella sospechaba? Se negaba a creérselo, pero todo apuntaba a que era cierto.

Publicada el por CECDM | Deja un comentario

Te marchaste.

    Cerraste los ojos por última vez aquella fría mañana de enero del 2017, y en ese mismo instante descubrí cuánto te amaba… ¿Qué puedo contarte después de todo este tiempo? Muchas cosas. Estos últimos diez años sin ti han sido muy difíciles, pero hemos salido ha delante como hemos podido; ya sabes que nunca fuimos unos portentos intelectuales, pero con mucha perseverancia y voluntad las cosas se consiguen. Te cuento cómo nos ha ido todo…

    Empezando por mí, finalmente te hice caso y me puse a estudiar. ¡A mis años estudiando, había que verlo! En un primer momento me maldije a mí mismo por tomar semejante decisión, pero tres años después conseguí aprobar el maldito curso y poco después encontré trabajo estable, bien pagado y que me permitía cuidarlos a ellos. Ya no tengo que ir por ahí dando bandazos en moto, soportando la lluvia, el frío, el calor o los malos modos de los clientes y arriesgando mi vida a cambio de migajas.

    Carlitos consiguió aprender a leer, le costó mucho sin tu ayuda, pero lo puso todo de su parte y lo logró. Ahora ha cogido carrerilla y pronto terminará la eso, ¡y el tío ya se planea qué va a estudiar en bachillerato! Quiere ser tornero, igual que un tipo de YouTube al que sigue y admira; el hombre replica armas de comics, animes y video juegos usando el torno y la fresadora. ¿Recuerdas que dijimos que sería nuestro niñito eterno? Eso no ha cambiado, mentalmente siempre será un niño pequeño, uno muy grande —con dieciséis años que tiene mide casi dos metros—, pero al menos podrá valerse por sí mismo cuando yo no esté para velar por él.

    El caso de nuestra querida Susana fue algo más complicado, pero se solucionó. Estuvo al borde del abismo durante un par de años, casi tres. Era incapaz de ver la vida sin tenerte a su lado. Hizo malas amistades que la llevaron por mal camino. Comenzó una mala relación que la condujo por un camino aún peor. Se marchó de casa y estuvo un tiempo viviendo en Londres, después se fue a parís y por último aterrizó en Italia. Estuve muy preocupado por ella, fue un sin vivir para mí. Pero no quise “cortarle las alas” porque sabía que sería peor; la dejé cometer errores, aprendió de ellos y hace siete años me llamó para que la ayudase a volver. Sí… se había quedado sin blanca. No tenía dinero para poder comprar si quiera un billete de autobús. Como buen padre me sacrifiqué, vendí mi pequeña moto —ya sabes como amaba mi querido vespino—, y le mandé por correo electrónico un billete de avión, el más económico. Cuando la vi bajar del avión comprendí que la adolescente que se había marchado no iba a volver, ahora era una mujer adulta, centrada y consciente de cómo es la vida; acabó sus estudios, siguió estudiando, y ahora es enfermera.

    En cuanto a Roxana… No vas a creerte lo que voy a contarte sobre ella. ¿Recuerdas ese bulto en su costado que tanto te preocupó hasta tu último día que estuviste con nosotros? ¡Pues el bulto resulta que no era un solo bulto, eran varios! Cinco pequeños bultos a los que dio a luz dos días después de tu partida… cinco pequeños gatitos blancos que maullaban a todas las santísimas horas del día. Aquello fue un calvario, porque por desgracia su mamá debía echarte de menos y conforme el último de ellos nació, ella decidió marcharse, y me tocó criarlos a biberón hasta que estuvieron listos para comer su primer pienso de gatitos. Ahora son cinco enormes y preciosos gatos blancos de ojos azules, gordos como sacos de patatas, dos machos y tres hembras.

    Y ya no me queda mucho más por decirte… solo que es posible que de aquí a unos meses tú y yo volvamos a bailar juntos, abrazados, mirándonos a los ojos, como cuando nos conocimos en aquel concierto de rock en la playa… Sí, me han diagnosticado lo mismo que a ti, y tarde, como ocurrió contigo. No tengo miedo, ni estoy enfadado; es el ciclo de la vida, y estoy listo para continuar. No le he dicho nada sobre esto a ninguno de los dos porque no quiero trastornar sus vidas antes de lo necesario, ya tendrán tiempo de llorar cuando me llegue el momento. Según me han dicho los médicos, es posible que no llegue a agosto, y estamos a finales de mayo.

    La verdad es que realmente no les he contado nada porque si aún conservo las facultades necesarias, a mediados de julio me iré de viaje a alguna parte, a algún lugar lejano y perdido de la mano de dios y ahí pasaré mis últimos días. Sé que es un poco cruel por mi parte marcharme para morir solo y no quedarme con ellos hasta el final como hiciste tú, pero recuerdo lo mal que lo pasaste, lo mal que lo pasaron ellos y lo mal que lo pasé yo cuando te estabas consumiendo tumbada en aquella cama… Y no voy a permitir que pasen por lo mismo. Cuando esté preparado, cuando sepa que me voy, si soy capaz comenzaré a caminar, me internaré en algún bosque, en alguna selva, allá donde pueda esconderme para morir tranquilo. Eso será duro para ellos, repentinamente perderán a su padre y no sabrán por qué los abandoné… Pero prefiero que sea de esa manera; sufrirán menos.

    Y ahora ya sí que no tengo nada más que contarte. Solo me queda esperar con impaciencia a que los días pasen hasta que me llegue el momento y finalmente tú y yo estaremos juntos para toda la eternidad.

Información de registro

Identificador 2206201415720

Fecha de registro 20-jun-2022 14:11 UTC

Licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 

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