El Bosque de los Lamentos

El Bosque de los Lamentos

             Hola, lector, me llamo Joseph Ze… mi apellido no es de tu incumbencia. Voy a hablarte sobre uno de los escenarios donde se desarrollan algunas de las historias de Gorate: el Bosque de los Lamentos.

        Se trataba de un lugar muy, muy antiguo: un inmenso bosque de encinas, almendros, castaños, algarrobos y nogales que formaba un largo y retorcido brazo, conectando Gorate con la ciudad de Torreleones. En otros tiempos fue conocido como Bosque de la Oscuridad, pero terminaron bautizándolo con ese otro nombre debido a una vieja historia que se contaba en la desaparecida aldea de Alderete (La historia de Flora). Narraba las penas de una madre viuda que tras fallecer su esposo tuvo que abandonar su casa en la aldea. Y al verse sin hogar y sin otra opción posible, a la mujer no le quedó otro remedio que guarecerse en el bosque con sus tres hijos… Pues bien, uno tras otro, cada uno de los niños desapareció; uno por día.

             La dolida madre terminó muriendo de pena, lamentando la pérdida de sus queridos niños. Según se decía, antes de caer muerta, la pobre infeliz recorrió el bosque una y otra vez, tanto de día como de noche, llorando y gritando el nombre de sus pequeños, lamentándose, maldiciéndose a sí misma por haber tomado la decisión de mudarse allí, condenado a sus retoños a una muerte amarga y cruel. ¿Qué los devoró? Es algo que nunca nadie averiguó. Pero sus ensordecedores lamentos sirvieron para rebautizar el bosque, porque nunca cesaron…

             Además de la desgraciada historia responsable del nombre del bosque, la cual te contaré en otra ocasión, corrían por Gorate y Torreleones todo tipo de historias que hablaban sobre puertas ocultas entre los troncos (y en el interior de los mismos) que conectaban el bosque con otros mundos. Una de esas puertas sobre la que tengo conocimiento la albergaba un grueso y alto árbol conocido como el Árbol Cueva; el tronco se abría como si de la oscura entrada una cueva se tratase, permitiendo que una persona adulta permaneciera en pie dentro de dicha apertura. Aquella misteriosa puerta conectaba con un lugar conocido como Menfeyeg Osmandle; un mundo oscuro y retorcido, sumido en una noche perpetua, habitado por criaturas que solo tendrían cabida en las peores pesadillas…

             Otra de aquellas puertas, que cambiaba continuamente de lugar, daba acceso a una extraña aldea rodeada por un frondoso bosque. Dicha puerta solo se manifestaba ante aquellos que necesitasen ayuda con urgencia y cuyo corazón fuera puro y bueno. Aquel que la cruzase jamás volvía a ser visto… La aldea era conocida como la Aldea de Lepand. Existían otras muchas puertas, algunas conectaban con Menfeyeg Osmandle y otras, con otros mundos igual de extraños. Pero ya no voy a contarte nada más…

 

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